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Sofía Keller

La mayoría de la gente da por sentado que un informe de laboratorio y una mesa de laboratorio pertenecen a dos personalidades diferentes: la del redactor, que explica, y la del experimentador, que se ensucia las manos. Nunca he creído del todo en esa división. En mi escritorio suele haber un cuaderno lleno de frases a medio terminar justo al lado de una pila de impresiones de instrumentos y, sinceramente, el desorden es la clave: una cosa alimenta a la otra.

Por qué hago esto

Me atrae ese momento en el que un nuevo método de ensayo o una tendencia analítica dejan de ser teóricos y empiezan a generar cifras reales. Leer una ficha técnica solo cuenta la mitad de la historia; someter yo mismo una muestra al proceso cuenta el resto. Esa brecha entre «cómo debería funcionar» y «cómo se comporta realmente» es donde encuentro los detalles sobre los que merece la pena escribir —detalles útiles tanto si eres nuevo en la ciencia de laboratorio como si llevas una década calibrando instrumentos.

Lo que da forma a mi escritura

  • Comprobar las afirmaciones con datos reales de ensayo antes de escribir una sola palabra
  • Mantener las explicaciones lo suficientemente claras para alguien que las lee por primera vez
  • Mantener la curiosidad por las herramientas y métodos emergentes en la investigación y los ensayos
  • Documentar los fracasos con la misma honestidad que los éxitos

Si algo de esto te resulta familiar, o si simplemente te apetece charlar sobre el tema, mi bandeja de entrada siempre está abierta: ponte en contacto conmigo en /contact. Me encantaría charlar contigo.